Y entonces cuatro paredes y tú escucháis que es que la vida es puta y que te cambió todo lo que tenías por ver el Sol. Que se llevó las calles, los bares, la gente y el olor a mar. Pero que te da el Sol. Y que ha pasado ya un año desde que todo cambió y tú no conoces calles, ni bares, ni a penas gente, ni recuerdas el olor a mar. Pero que tienes Sol. Y que no quieres otras calles, otros bares, ni otra gente porque tu ya tenías los tuyos y no necesitas más. Que por eso vives entre cuatro paredes blancas con un reloj que nunca gira, sin techos ni suelos, porque allí puedes soñar que tienes todo, las calles, los bares, la gente y el olor a mar que la vida se llevó, y los cielos grises y la lluvia y el Sol. Pero que de los sueños no se come.
Y después de año y medio de convivencia desaparecen las cuatro paredes y te quedas solo. Solo en el mundo real. Enfrentándote a la vida, y a lo que ella se llevó.
Y miras arriba y sonríes porque él sigue estando allí.
"Llegan recuerdos cada vez que vuelvo a ver esa postal en la pared; llevo dos años lejos de mi hogar; cuento las horas para volver."
Euskadi -Segismundo Toxicómano






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