martes, 20 de noviembre de 2012

Sal solito, caliéntame un poquito, ...

Y después de llover durante cuatrocientos treinta y cinco días, cuarenta y siete minutos y un par de segundos, aparecieron los unicornios, las praderas con sus conejos blancos y un arco de colores. En el charco las ranas saltaban y croaban. ¡Jodó Floro que si cantaban! Y a las muy putas las daba igual que fueran las dos de la mañana, que las siete, que las tres de la tarde, que ellas a lo suyo con su croac croac. Mientras unicornios, praderas, conejos, el arco de colores y hasta yo misma, nos pasamos a la vida del ibuprofeno cada doce horas, o eso se leía en la receta.




Y así pasaron cincuenta y nueve días, y diez horas, y veintitrés minutos, y algunos segundos más. Pero el Sol había salido, el agua se había evaporado y las ranas se habían secado al Sol.

"Cuando salga el Sol me arrepentiré, cuando salga el Sol me refugiaré de la mañana"
Cuando salga el Sol - Desakato 

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