martes, 28 de noviembre de 2017

Camaleón y unicornio.

Siempre os extrañó. Nunca lo conseguiréis entender. Tampoco os lo pidió. También sabía que jamás lo haríais. Y le daba igual.

Desdé allí os observaba. Un paso siempre por detrás. Camaleón y unicornio.

La soledad hace tiempo que dejó de asustarle. Aprendió a convivir con ella, y también a buscarla diez minutos al día. Nunca nadie pudo ver tanto hielo arder.

Jamás llegó a aprender la lección. Pero tampoco nunca se arrepintió. Repitió ese mismo proceso una y mil veces más. Pura locura por las causas perdidas.

A veces consiguió querer, y otras llegó a amar más de lo que todos vosotros podáis jamás imaginar.
Aunque quizás nunca fue bondad. Quizás fuese solo puro egoísmo. Puro contrabando.




Egoísmo puro. Siempre dar esperando recibir.

"Se le nota en la voz, por dentro es de colores, y le sobra el valor que le falta a mis noches."
Si te vas - Extremoduro 
 

domingo, 29 de octubre de 2017

¿Por qué?

Sabe diferente el aire cuando caminas sin compañía ni dirección. Pesa menos y tiene un amargo especial.

Las calles no se paran mientras yo pienso en todos aquellos porqués que quedan por contestar; y también en el poco valor que tengo para preguntar. No quiero escuchar esas respuestas. Tampoco leerlas. Estado de calma perfecto. Un hilo de agua. Tranquilo. Suave. Fino. Tranquilo. Y de repente se enturbia sin control. Sueño que me atormenta dormida y despierta.

¿Por qué?

¿Por qué?

Complejidad y madurez. ¿Quizás solo es miedo? Silencio.

¿Te arrepientes de algo? Silencio.

Yo siempre si, ¿y tú? No me contestes ahora. No quiero la respuesta. El momento ya pasó, o quizás todavía no llegó.




Respiro mientras pierdo la mirada entre las bacheadas aceras. Esa chica ha encontrado a Marco, y mientras, la fuente, sigue cantando. Pudiste quedarte con el todo pero decidiste arriesgar con el nada. Levanto la mirada y veo que el chico de cresta empieza a recitar poemas de amor para una tal Maria. Yo, vuelvo a respirar.

Siempre envidié esa madurez. A veces también la odié. Y no quiero preguntar, no, aunque me muero de ganas de escuchar esa respuesta que me baje al suelo de nuevo. Dolor y de nuevo volver a aprender. Lo sé. Me sobra ego. Me faltan silencios.

Las calles se vacían y al fondo del banco alguien pregunta ¿por qué sola?

“Que estoy bien aquí, en mi nube azul, todo es como yo lo he inventado. Y la realidad, trozos de cristal, que al final, hay que pasar descalzo”

En mi nube azul - Platero y tú

domingo, 22 de octubre de 2017

C&C

Llego tarde, lo sé, pero quería llegar.

Porque siempre has sido la fruta naranja que completaba esta manzana verde. Desde aquellos días en los que nos separábamos solo para dormir, o ni eso, y hasta nunca. Siempre es siempre.

Y aunque todo cambia, ya lo sé, y aunque vengan momentos malos quería pedirte que no dejes por nunca jamás que se mueran tus ganas de improvisar. Ni tampoco tu antisociabilidad, aunque a veces te gane yo. Mucho menos tu capacidad única de crear planes nuevos y alternativos y que guardes por siempre de los infinitos tú velocidad al caminar. Y es que eres original.

Y llegó tarde, lo sé, diez años por lo menos, pero quería llegar. Si, ahora. Porque hoy y ahora es buen momento. ¿No te parece? Y es que nunca habrá nadie como tú.

Te pido fidelidad a tus estampados, a las cerezas de las noches de San Juan y que nunca dejes de regar esas flores de la camiseta de los conciertos.

Que no permitas que nadie mate ese espíritu de colores que huele a libertad entre cervezas y calimochos, y a veces también a basura. Abro paréntesis. No hay mejor fragancia para una antisocial. Cierro paréntesis.

Y llego tarde, lo sé, pero quería decirte que todas las explicaciones son tuyas, y que nadie tendrá el derecho de exigir una. Pero que, si alguna vez algo va mal, algo se tuerce y algún cachito de ese espiritú de colores y estampados se cae, quiero que sepas que yo estaré ahí. Que lo arreglaré una y mil veces. Porque eres mi otra mitad, y porque te quiero.




Y que odio los domingos de autobús y mucho más odio no poder verte dieciocho horas al día.Y que aquí te espero, mientras mato moscas para ti.

Y que te quiero millones noff.


“Y es que yo sin ti no puedo respirar y cuando estoy contigo siempre acabo mal”
Me dan miedo las noches – Platero y tú

martes, 19 de septiembre de 2017

A tí.

Sábados que huelen a domingo de autobús. Pero hoy es martes y la ropa se amontona delante de la ventana. Son las tres y no hago el esfuerzo ni de recoger la mesa. Necesito escribir.

Pero yo no escribo bonito, ya lo sabes. Que el estómago me para y lo hago desde la necesidad. Desordenado y castellano. Lo hablamos aquella noche, ¿te acuerdas? Sí, tú también lo hacías... Escondidos en hojas de mudos cuadernos. Nunca te dejé leerlos, tú tampoco a mí, pero ahora se me agotan los miedos pasados.

Y sé que me leerás y que no me contestarás. Que te reconocerás en las líneas que te dirijo pero que te ocultarás en las demás. Comprensión para evitar la interpretación. Qué razón sigue teniendo aquel joven amigo.

Casi diez, han pasado ya, desde aquel comienzo tropical. ¿Lo recuerdas? ¡Cuánta tormenta y qué poca calma! Entiéndeme, dieciocho y con el mundo del revés. Mil puertas abiertas y yo acojonada, buscando ese ancla que me hiciese regresar. No era el momento pero si puro capricho.

Y eso yo no lo entendía…

Sobran vísceras para tan poco hielo y el terremoto ha vuelto a romperlo todo. Palabras. Quizás tiempo. Disfrutar del gris, nunca resultó fácil. Niebla de ego y capricho, y el ancla todavía echada.

Y como escorpión que tortura a su propia rana me cuesta entenderlo. Y como rana también. Ciento diez mil quinientas setenta y nueve cagadas después, y el ancla sigue ahí.

Y eso, yo, tampoco lo entiendo…

Pero necesito escribir. Escribir y desaparecer. Subirme a lo más alto de la escalera, dejar esas mil preguntas en el aire y tirarme al vacío sin alas. Aprender a volar. Volar durante días sola para darme cuenta de que esa pieza nunca encajará.

Pero eso, tú, jamás lo entenderás…



Y sé que tu me leerás y que te preocuparás. Que te reconocerás en las líneas que no te dirijo y que serás incapaz de ocultarte en las demás. Ancla y pieza perfecta… ¿no ves que tú ya eres parte de mí?
A ti: ¡TE QUIERO!

"Dejé escapar a mis gorriones. Soñé con fuego y cruces. Sobrevuelo la zona..."
 Gorriones - Erik Urano & Zar1