Sábados que huelen a domingo de autobús. Pero hoy es martes y la ropa se amontona delante de la ventana. Son las tres y no hago el esfuerzo ni de recoger la mesa. Necesito escribir.
Pero yo no escribo bonito, ya lo sabes. Que el estómago me para y lo hago desde la necesidad. Desordenado y castellano. Lo hablamos aquella noche, ¿te acuerdas? Sí, tú también lo hacías... Escondidos en hojas de mudos cuadernos. Nunca te dejé leerlos, tú tampoco a mí, pero ahora se me agotan los miedos pasados.
Y sé que me leerás y que no me contestarás. Que te reconocerás en las líneas que te dirijo pero que te ocultarás en las demás. Comprensión para evitar la interpretación. Qué razón sigue teniendo aquel joven amigo.
Casi diez, han pasado ya, desde aquel comienzo tropical. ¿Lo recuerdas? ¡Cuánta tormenta y qué poca calma! Entiéndeme, dieciocho y con el mundo del revés. Mil puertas abiertas y yo acojonada, buscando ese ancla que me hiciese regresar. No era el momento pero si puro capricho.
Y eso yo no lo entendía…
Sobran vísceras para tan poco hielo y el terremoto ha vuelto a romperlo todo. Palabras. Quizás tiempo. Disfrutar del gris, nunca resultó fácil. Niebla de ego y capricho, y el ancla todavía echada.
Y como escorpión que tortura a su propia rana me cuesta entenderlo. Y como rana también. Ciento diez mil quinientas setenta y nueve cagadas después, y el ancla sigue ahí.
Y eso, yo, tampoco lo entiendo…
Pero necesito escribir. Escribir y desaparecer. Subirme a lo más alto de la escalera, dejar esas mil preguntas en el aire y tirarme al vacío sin alas. Aprender a volar. Volar durante días sola para darme cuenta de que esa pieza nunca encajará.
Pero eso, tú, jamás lo entenderás…
A ti: ¡TE QUIERO!
"Dejé escapar a mis gorriones. Soñé con fuego y cruces. Sobrevuelo la zona..."
Gorriones - Erik Urano & Zar1