La violencia machista ha quedado en la cabeza de muchos como eso que aparece en los telediarios cada cierto tiempo cuando un perturbado generalmente extranjero mata a su atormentada mujer, almacenado en el cerebro como información para tertulias pero lejos de sus vidas reales. Nunca piensas que te pueda tocar a ti.
Y un buen día te levantas y estás enamorada, y eres correspondida. Sales a la ventana, sonriendo con ganas de gritar al mundo que eres feliz, más que nunca, porque aunque os separen ciertos kilómetros, le tienes a él. Te vuelves a la cama, miras el móvil y vuelves a sonreir. Él también se ha despertado pensando en ti. Y así pasan cincuenta y ocho mañanas, cincuenta y ocho días y cincuenta y ocho noches. Feliz. Más que nunca.
Entonces y sin darte cuenta estás tirada en el suelo de la calle. Has sido escupida, insultada y empujada. Casi tienes que dar las gracias a esa puerta por llevarse los puñetazos que te pertenecían. Lloras, y mientras él, el mismo que se levantaba pensando en ti cincuenta y ocho mañanas y cuatro meses antes, sigue insultándote y pegándose con el mobiliario urbano. Entras en ataque de ansiedad. Odias estos momentos. Entonces, él te ve. Se pone nervioso. Te quiere más que a nada, tú lo sabes. Se pone a tu lado, te abraza. “Respira bien” te pide a la par que se viste de monstruo, “Perdón, perdón, perdón, soy gilipollas, perdóname. Si es que soy un mierdas, la vida es un asco. Tenía que haberme 'estazao' con el coche y haberme muerto.” Tu entonces le abrazas fuerte. No puedes pensar en su sufrimiento. Eso te hace más daño que el tuyo propio. Le perdonas, pero ya le habías perdonado. Le habías perdonado incluso antes de caer al suelo. Le quieres. Es lo que más quieres en el mundo. Sabes que esto es una mala racha. La distancia es difícil y luego están sus problemas en casa. No puedes imaginar una vida sin él. Y así pasan las mañanas, los días y las noches. Y nada cambia, pero todo no sigue igual. Tu cada vez caes más abajo.
Y un buen día te levantas y estás enamorada, y eres correspondida. Sales a la ventana, pero ya no sonríes, ni quieres gritar al mundo tu felicidad. Te vuelves a la cama, miras el móvil, él se ha despertado pensando en ti, pero tampoco eso te hace sonreir. Y entonces en ese momento, tirada en la cama y separada por muchos kilómetros de él, te das cuenta que tú ya no crees en el futuro, que tú ya no sueñas, que a ti te han robado la ilusión. Y eso es lo más grave. Porque la gravedad del maltrato no claudica en cuatro cardenales resultado de una discusión. La gravedad del maltrato se encuentra en la anulación de una persona que su único pecado es dar demasiado por amor.
"La risa y el aire se fueron con su juventud, mirando al suelo va caminando con su cruz."
Denuncia, pa ké? - El Último Ke Zierre

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