miércoles, 6 de mayo de 2015

Búho.

En algún momento le cogí el gusto a la papiroflexia. Quizás porque la papiroflexia es la manera más fácil de llevar las ideas de papel a algo dimensional. Ideas que pueden volar. Aunque poder nunca fue querer, y el unicornio acaba croando en la charca.

Eternamente el unicornio será unicornio. Eternidad como sinónimo de presente absoluto. Presente que se mira desde unos ojos que lo cuentan todo. Porque la objetividad es utopía. Y utopía es un unicornio. Porque aunque el unicornio siempre sea unicornio, nunca se verá como tal. Demasiados ojos. Grandes, pequeños, marrones y azules. Muchos ojos. Y los ojos solo generan opiniones. Opiniones que dicen verdades personales.Verdades y opiniones que hacen del unicornio, rana.

Quizás el unicornio nunca llega a croar en la charca. Quizás nunca existieron las ranas. Mucho menos los unicornios. Y no están lloviendo monos a todas horas, que yo hablo de ranas y de unicornios. Silencio.


Más silencio. Las lunas cambiaron planetas por estrellas, y por un momento, se siente ingravided.
¿Es que el unicornio dejó ya la charca?

Y nunca fue una alegría sentir la ingravided de esta manera. Ingravided provocada por tanta superficialidad. Esa que te impide ver que, un poco más allá, en la charca, todavía brillan los ojos del que, vestido de blanco, debía dedicarse a galopar.

Pero, ¿quién decide lo que se debe y no se debe? ¿quién nos llama ranas si solo somos búhos que esperan? Nos cansamos del día a día y acabamos viviendo de los sueños. Creando unicornios a partir de ranas y chocando con todas las paredes. Y es que no habrá resultado mejor cuando empiezas a subir sin saber bajar. Habitantes de mundos sin locos con ideas que nunca pudieron volar.


"Solitario silencio, mediodía desierto, rumores próximos y lejanos a la vez."
 Mundo Sereno - Julio Bustamante







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